El ocio actual de los niños es muy tecnológico, todos hemos visto a pequeñines de 2 y 3 años jugando con el iPhone o el iPad de mamá, y somos conscientes de que los más mayores no pueden estar sin la videoconsola, el móvil y el ordenador, chateando o jugando con juegos virtuales. La clave de la gran afición de los niños y niñas está en la interacción, todos los juegos incitan la participación directa con lo cuál las sensaciones vividas durante el juego son fuertes pues son en directo y la identificación con los personajes e historias es inmediata. Por otro lado, están demostrados sus beneficios en el área educativa, ya que estimulan las habilidades en el lenguaje, motricidad y escritura.
Pero el juego con interacción tecnológica no aporta el beneficio esencial de la literatura: la estimulación de la propia fantasía e imaginación.
En el proceso de leer un libro o mirar un cuento interviene la parte libre del propio yo, esta libertad permite que cada mente construya su historia y por lo tanto proyecte algo de sí mismo. La incidencia en el niño de la interacción tecnológica se sitúa más en el plano sensorial, en la literatura interviene el plano emocional ya que a la propia interpretación de lo leído, se le suman los propios sentimientos.
Los beneficios de la literatura son pues más emocionales, ayudan a la comprensión de las emociones de vida, encauzan la gestión de los propios sentimientos y son compañeros de la evolución interior.
Existe una diferencia sutil y profunda con la polaridad ficción/realidad, mientras que frente a los juegos virtuales la consciencia es claramente de ficción, frente a la literatura no esta tan clara esta consciencia, el argumento puede ser ficción pero “las emociones que siento” están en la conciencia de realidad.
Como padres se trata de ser estratégicos, teniendo claro el papel que juega cada una, literatura y tecnología, y conseguir un equilibrio como actividades de ocio en nuestros hijos.

Os anoto algunos de mis trucos para fomentar la lectura que llevo a cabo con mis hijos:
El intercambio, “yo te leo el cuento y luego me lo lees tu”. Puede ser que no sepa leer y sea sólo “explicar” frente a las imágenes (dependiendo de la edad del niño). Fomenta la lectura, estimula la imaginación y refuerza el vínculo padres-hijos.
La dramatización, “vamos a representar este cuento o libro”. Se puede representar haciendo teatro, incluso disfrazándose, o filmándose (un vídeo), o con los muñecos en el suelo. Fomenta la imaginación, estimula la proyección del propio niño y refuerza la desinhibición.
Leemos el libro ambos por separado (hijos de más de 7 años) y una vez leído nos explicamos el argumento y dibujamos cómo hemos imaginado el escenario o el personaje principal. Fomenta la complicidad y podemos observar de más cerca el mundo interior de nuestro hijo.
Por último quiero recordaros que como padres debemos de ser estratégicos, teniendo claro el papel que juega cada una de las actividades de ocio literatura y tecnología, conseguir un equilibrio en los tiempos de dedicación. Destacando que la literatura no tan solo enriquece más el interior emocional de nuestros hijos sino que también nos permite disfrutar de unos momentos maravillosos con ellos.
Helena Figuerola
Psicóloga y fundadora PAC research & educación



